La “competencia” como analogía política – Si No Se Gana con Decencia No Se Gobierna

La “competencia” como analogía política

El sentido común motiva la pregunta: Si lo importante no es ganar, ¿para qué se compite?

Foto: Carlos Rivera Giusti/EL VOCERO

Creo que fue Pierre de Coubertin, fundador de los Juegos Olímpicos, quien acuñó la archiconocida frase que ha sido adoptada por legiones de conciencias repetidoras: “Lo importante no es ganar, sino competir.” Si se le atiende bien, la intención de la frase es minusvalorar la importancia del objetivo último de vencer, favoreciendo el enaltecimiento del valor de la lucha, aislando el “efecto” de su “causa”.

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La fuerza de la mentadísima frase ha logrado incluso forzar un replanteamiento del significado de “competir”. Hace pocos años la Real Academia de la Lengua Española nos definía lo siguiente: Competir “intr. Luchar, rivalizar entre sí varias personas por el logro de algún fin.” Es decir, que para los guardianes del vernáculo que domina nuestra comunicación, “competir” estaba intrínsecamente atado a su finalidad última. Según aquella definición, se compite para ganar. O eso se creía. Pero ahora, la definición más reciente, nos acerca más a la “aspiración”. Así pues, leemos: Competir “intr. Dicho de dos o más personas: Contender entre sí, aspirando unas y otras con empeño a una misma cosa.” Si la otrora definición representaba una contradicción, la segunda es una rendición del sentido de competitividad. Ahora se enfoca en la mera experiencia juguetona de una “contienda”, por una “cosa” cualquiera, y no una “lucha” combativa, por un “fin” más alto.

El sentido común motiva la pregunta: Si lo importante no es ganar, ¿para qué se compite? Si lo importante no es ganar, entonces ¿tampoco sería importante competir? Con esa lógica derrotada irías a tu trabajo y no te preocuparías por subir de puesto para lograr un mejor ingreso; porque lo importante es “tener trabajo”.

Es como si la frase estableciera contrasentidos más fundamentales: La bonanza económica no es importante, sino tratar de hacer dinero. O más filosóficamente, la libertad política no es importante, sino la lucha por conseguirla. Y en ese sentido, aplicar la definición al caso de Puerto Rico, equivaldría a: La Estadidad no es

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importante, sino reiterar su petición al Congreso. La Independencia no es importante, sino demandarla anualmente ante las Naciones Unidas. El Estado Libre Asociado no es importante, sino declarar boicots plebiscitarios para su sobrevivencia. Y así por el estilo inconsecuente que esa lógica tan ilógica implica.

¿Me sigues amigo lector?

Independientemente de la contradicción de la frase, o de su revisión más reciente, la propuesta “competitiva” alimentada desde Pierre de Coubertin, es un manifiesto sobre la mediocridad. Es un principio derrotista que intoxica prácticamente toda actividad humana en Puerto Rico.

Cuando uno va a una competencia, la que sea, va a ganar. O lo pretende con toda la fuerza de su voluntad. Con todo el más firme convencimiento de la propia capacidad. La meta SIEMPRE, es GANAR.

La definición del concepto “competencia” de algunos y muchos, divorciándola de su “ganancia” o justificándola mediante la manipulación del muy concreto y singularísimo objetivo de “ganar”, es tan ilegítimo y tonto como los premios a los niños “casi ganadores” que regalaba aquel animador infantil que se hacía llamar, Tío Nobel. ¡Así

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cualquiera!

En la política, cuando se va a una elección, se vota para ganar. Ir sin perspectiva de triunfo es, en el caso menos malo, una tontería estratégica. En el peor caso, es maquiavelismo refrito, siempre injustificado. Me refiero a ese idealismo triunfalista sin causa, que solo conmueve a crédulos impenitentes. Me refiero a ese oportunismo mezquino para perpetuarse como benefactores del fondo electoral. Me refiero a ese vuelo de egocentrismo fashionista, alimentado del más infantil populismo. “Ganar”, en esos casos, no es lo fundamental. Solo se busca flotar en una noria constante que maree hasta la nada a los que caen en esa redada de conciencias débiles. No hay adelanto alguno en la gestión idiota de revalidar la derrota. Solo sirve para perpetuar en el poder a algunos mucho más listos que la mayoría.

El “intentar” no sirve de nada. Ganar es lo que cuenta. Y en la política, es lo que provoca cambios.

Los que ni siquiera compiten, porque buscan y rebuscan excusas, porque descartan o descalifican reglamentos, porque acomodan y fuerzan condiciones, porque prefieren quedarse en sus zonas de confort, esos son los muertos de miedo.

José Augusto Acevedo > Asesor de Mercadeo y Comunicación Pública

JOSÉ AUGUSTO ACEVEDO > ASESOR DE MERCADEO Y COMUNICACIÓN PÚBLICA

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