Haciendo Las Maletas – Por Mario Ramos Mende

Hace unos días en una de las más grandes tiendas por departamentos de Puerto Rico, que ubica en Plaza Las Américas, fui testigo de que el artículo de mayor venta en la tienda son las maletas. Madres solteras con sus hijos, matrimonios jóvenes en plena edad productiva y jubilados estaban comprando maletas para irse de Puerto Rico. Lo curioso es que todos decían que no regresaban. El huracán María jalonó lo que ya es un hecho irrefutable en estos tiempos: el País se está despoblando. Y no solo lo ha reseñado la prensa local, a nivel nacional se ha difundido ampliamente: The Washingon Post, The New York Times, The New York Post y The Huffington Post, entre otros.

Durante todo el siglo XX, mayormente en la segunda mitad, el Caribe ha sido un área de emigrantes. Tal vez sea una de las regiones que mayor mano de obra exporta a los Estados Unidos. La distinción estriba en que, en casos emblemáticos como Cuba, Haití, República Dominicana y Puerto Rico, en el caso nuestro propiamente, la emigración se da por aire y con las maletas hechas. Factor que la relación con los Estados Unidos facilita. Cubanos y dominicanos tienen que escapar de sus realidades políticas y económicas en balsas y yolas, respectivamente.

En los años cincuenta el gobierno de Puerto Rico fomentó la emigración de puertorriqueños a muchos estados del este para que hicieran arduos trabajos agrícolas. La División de Migración del Departamento del Trabajo servía de enlace para estos propósitos. Incluso, Luis Muñoz Marín, el arquitecto de lo que hoy conocemos como el Estado Libre Asociado, en un discurso ante la asamblea de la Asociación de Maestros en diciembre de 1953, enfatizó que los emigrados se asimilaran culturalmente en los lugares donde se asentaran. Sugiriendo que el no regreso debería ser parte de su circunstancia existencial. Fue una emigración fomentada por el gobierno; un asunto de política pública de esos años para controlar la población y la enorme oferta de mano de obra en Puerto Rico. (Véase a, Annette B. Ramírez de Arellano, Colonialism, Catholicism, and Contraception: A History of Birth Control in Puerto Rico).

Más de medio siglo después la realidad es invertida; ahora el gobierno desea que el curso, aparentemente irrevocable, de la emigración sea en dirección contraria. Es un factor que ha incidido en la economía, devaluando a niveles insospechados hace unos años, la propiedad inmueble. Casas y apartamentos, según las últimas tasaciones, valen mucho menos hoy que hace diez años. Los propietarios entregan el inmueble al banco debiendo la hipoteca completa o en un por ciento sustancial y la entidad bancaria adquiere un problema que ya se ha tornado epidémico para el sector hipotecario. Otros no pueden pagarla y el banco inicia un proceso de ejecución de hipoteca que termina al tribunal decidir a su favor. El desahucio nunca se inicia por razones prácticas; los poseedores se convierten en custodios y mantenedores del inmueble.

Los dos Puerto Rico que existen, el insular y el continental, se caracterizan por el fenómeno de la emigración. Uno envía y el otro recibe, por lo que ya el Puerto Rico continental es mayor al insular. La situación económica y social del puertorriqueño, acostumbrado a escuchar de noche más disparos de armas de fuego que coquíes, es una fuerza centrífuga que ha ido dibujando esta fantasmagórica realidad. Los efectos secundarios se verán en la pobre calidad de vida que no da señales de mejorar, los insípidos recaudos para el erario público y el brumoso ambiente para la inversión económica. Hay que esperar a tener cierta perspectiva histórica para poder ver si el huracán María fue un parteaguas en nuestra historia. San Ciriaco en 1899 tuvo efectos devastadores en la agricultura e incidió adversamente en la economía. María fue devastador también, salvo que uno de los efectos colaterales perniciosos, tal vez el peor, quien sabe, sería la masiva venta de maletas en Puerto Rico.

Marcha En Contra de los Aumentos y Abusos

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